31 oct. 2012

Ágora99: buenos días Europa




Se celebra en estos días el encuentro europeo Agora99. El objetivo es conocer grupos y propuestas para intentar avanzar en una agenda común entre las poblaciones de los países de la Unión. Lo cierto es que nos conocemos muy poco; tan solo los grandes sindicatos y algunas organizaciones de corte internacionalista tienen contactos estables con sus pares europeos. La explosión de TaketheSquare y las acampadas tras el 15M permitieron la creación de redes pero, si bien se han lanzado exitosas convocatorias globales como el 15O de 2011 o el 13O contra la deuda, es notorio que nos queda mucho por hacer.

Las exigencias de austeridad por parte del gobierno de la Unión y la falta de decisión en medidas como la unión bancaria, los eurobonos o la compra de deuda por parte del BCE han hecho que muchas personas y colectivos sientan un fuerte rechazo a la construcción europea e incluso propongan la salida del euro o de la propia Unión. Los discursos que culpabilizan a las poblaciones del sur de los desmanes de la banca y la clase política tampoco contribuyen a imaginar salidas compartidas.

Pero lo cierto es que ya “semos europeos”. La entrada en la UE ha marcado la estructura productiva del país, con la desindustrialización, la reducción de la capacidad agropecuaria y el estímulo a las infraestructuras y el sector turístico. Los distintos tratados, empezando con el de Maastrich en 1992, han marcado la política monetaria, la privatización de los antiguos monopolios estratégicos y el control de los salarios y el gasto público. La moneda única limitó aún más el margen monetario, con la imposición de unos bajos tipos de interés y la imposibilidad de devaluaciones. El reparto de especializaciones de la UE y las políticas neoliberales alimentaron el ciclo inmobiliario que tan devastadoras consecuencias está teniendo.

Este modelo importador de bienes e inversiones era complementario al desarrollado en el centro de Europa, al modelo exportador generado en Alemania, por ejemplo. En este país se han reducido costes sobre la base de una política de ataque a los salarios y de deslocalización industrial a los países del Este, lo que ha aumentado sus exportaciones a países como el nuestro. Por otro lado, los capitales acumulados por la exportación y otros liberados por medidas neoliberales se dirigieron a los lugares de mayor rentabilidad, esto es, España durante el ciclo inmobiliario, alimentado la burbuja de precios. Así, se ha llegado a decir que “la burbuja inmobiliaria alemana tuvo lugar en España” (tal y como expuso el sindicato del metal alemán, según cita Vicenç Navarro).

Por otro lado, hemos visto cómo la desregulación financiera, la mercantilización de la política educativa, las reformas laborales, la modificación de las pensiones, etc., han sido medidas que se acordaban en foros europeos y luego eran traspuestas a las distintas legislaciones nacionales. Este mando del gobierno europeo se ha hecho más visible todavía desde el estallido de la crisis bancaria en 2008 y ya se percibe de forma nítida en las sucesivas contrapartidas de los rescates, memorandum e informes que dictan las políticas de austeridad desde instancias europeas. El momento de mayor transparencia fue sin duda la propuesta de referéndum en Grecia; ahí vimos claramente que el gobierno griego era un títere de la Troika, como lo es el de Rajoy.

Es decir, el grado de interrelación e interdependencia de nuestras economías es total y el grado de soberanía nacional tiende a desaparecer si no ha desaparecido ya. Nuestro gobierno económico y político es europeo. Son las instituciones europeas, la Comisión, el Eurogrupo y el Banco Central Europeo (mucho más que el Parlamento Europeo) los que determinan nuestras vidas, nuestra deuda y nuestro Estado del bienestar. Y estas instituciones no obedecen a las poblaciones, sino a los intereses financieros de las oligarquías europeas y globales.

Son precisamente las fronteras nacionales las que sirven de muros de contención de la crisis e impiden un señalamiento directo de los que toman las decisiones. Invisibilizan la interdependencia económica y el mando neoliberal europeo. Por eso, frente a las voces que piden volver a las fronteras nacionales (como si las fronteras hubieran estado alguna vez al servicio de la gente), creemos que la potencia está en asumir que ya existe un gobierno europeo pero no existe una democracia europea y exigir, por lo tanto, una democracia real en Europa.

Sabemos que la democracia se construye desde abajo, que hay mucho que hacer en escalas más pequeñas en torno a la economía sostenible y la participación efectiva de la población en las decisiones que le afectan. La pregunta es cuál va a ser el marco de esas democracias desde abajo. Para madrilonia, si el mando es europeo es imposible construir sin enfrentarnos en esa escala; y para ello, es necesario hacer alianzas con los otros muchos que en muchas partes del continente luchan por otra Europa.

Agora99 es un hito en este camino hacia la construcción de una relación de fuerzas que permita la deslegitimación y la destitución del gobierno neoliberal de la Unión. Algo imprescindible para evitar la devastación a la que nos dirigen.

31/10/2012
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