24 mar. 2012

ETCD. Un gadget que multiplica tu capacidad de aprendizaje.

  Cuando se habla de mejorar nuestro rendimiento intelectual habitualmente de lo que se discute es de realizar determinados ejercicios mentales o jugar a algunos vídeo juegos concretos, cuando no de llevar tal o cual dieta o tomar suplementos alimenticios, cuando no fármacos (a este respecto véase Como mejorar el rendimiento intelectual de verdad). Pero imagínate que todo lo anterior fuese secundario, que hubiese un dispositivo que pudieses conectar a tu móvil, iPad o PC y que, efectivamente, mejorase tu capacidad de aprendizaje sin efectos perniciosos evidentes. Ese dispositivo existe, el que se comercialice es una cuestión de tiempo y consideraciones éticas. 

Las investigaciones llevadas a cabo recientemente con distintos tipos de estimulación encefálica para el tratamiento de pacientes con patologías neurológicas ha puesto de manifiesto que un tipo de estimulación cerebral en concreto, llamada estimulación transcraneal por corriente directa (ETCD), puede usarse para mejorar las capacidades lingüísticas y matemáticas, la memoria, la capacidad de resolución de problemas, la atención e, incluso, el movimiento.


El punto clave es que la ETCD no solamente ayuda a recuperar las capacidades perdidas. La ETCD puede usarse para mejorar las capacidades mentales de personas sanas. De hecho, la mayor parte de las investigaciones se han hecho con adultos sanos.

La ETCD usa unos electrodos que se colocan en el exterior de la cabeza para pasar pequeñas corrientes a través del encéfalo durante unos 20 minutos. Las corrientes, de entre 1 y 2 mA (miliamperios), facilitan la activación de las neuronas de estas regiones encefálicas. Aunque el mecanismo no está elucidado del todo, se cree que la estimulación mejora la creación y el mantenimineto de las conexiones implicadas en el aprendizaje y la memoria. La técnica es indolora, todo de momento indica que es segura y que sus efectos se mantienen en el largo plazo.

En caso de comercializarse en un futuro sería un simple dispositivo que te colocarías en la cabeza poco más o menos como ahora te pones los auriculares para escuchar música, y que conectarías a tu ordenador, iPad o similar, cuando te pusieras a estudiar, a practicar con la guitarra o a aprender malabares.

El diseño básico de un dispositivo para ETCD es muy sencillo, de hecho se conoce desde hace más de dos siglos. Ya en el siglo XVIII se realizaron algunos experimentos rudimentarios usando esta técnica para estudiar la electricidad en animales (humanos incluidos) por parte de Luigi Galvani y Alessandro Volta. Estos resultados llevaron a la primera aplicación clínica en 1804 por parte de Giovanni Aldini (sobrino de Galvani), en la que la técnica mejoraba el estado de ánimo de pacientes melancólicos. Desafortunadamente este descubrimiento no recibió mucha atención y no se continuó la investigación, favoreciendo tratamientos más enérgicos, como los que derivaron en el electroshock.

En los años 60 del siglo XX hubo un breve resurgimiento del interés en la ETCD cuando se comprobó que la estimulación podía afectar al funcionamiento del cerebro cambiando la excitabilidad cortical. También se descubrió que la estimulación positiva y negativa tenía diferentes efectos en dicha excitabilidad cortical. Sin embargo, los efectos más inmediatos y espectaculares de las drogas así como su simplicidad de uso hicieron que se abandonase de nuevo la investigación.

No ha sido hasta hace unos 7 años que la ETCD se ha redescubierto por tercera vez. Esta vez el hallazgo vino por el incremento en el interés por comprender el funcionamiento del cerebro y como estimularlo (concretamente la estimulación magnética transcraneal) y la disponibilidad de nuevas técnicas de imagen como la resonancia magnética funcional (fMRI).

El número creciente de resultados positivos en los estudios de primera fase ha llevado a un grupo de investigadores, encabezado por Roi Cohen Kadosh, de la Universidad de Oxford (Reino Unido), a plantearse las cuestiones éticas que suscitaría el uso generalizado de la ETCD. Sus reflexiones aparecen enCurrent Biology.

El artículo incluye consideraciones generales sobre si, de estar disponible (como parece que estará), debería emplearse un sistema de mejora de las capacidades cognitivas, si sería ético. El texto es de acceso libre y está disponible en la referencia al final de esta entrada, por lo que no vamos a entrar en ese detalle. En vez de ello vamos a fijarnos en algunos aspectos de esta tecnología que creemos conviene resaltar y que quizá sean los que merezca la pena discutir. Desde ya advertimos de que aún no se conocen los efectos secundarios en general, ni sus consecuencias de uso en el cerebro de niños.

La ETCD permite a la persona obtener mayor rendimiento del esfuerzo que pone en una actividad cognitiva. Es decir, no hace milagros, tendrás que seguir estudiando o practicando pero la recompensa a tu esfuerzo será mayor.

Es un primer paso en la maximización del potencial humano, pero no iguala a las personas, al contrario. Lo podrán usar niños, ancianos, adolescentes o adultos, pero a cada uno según su capacidad. Probablemente las personas más inteligentes o más trabajadoras obtengan mayores beneficios que otros. Esto está aún por determinar. Lo que está claro es que se abrirá una brecha entre los que tengan acceso a la tecnología y los que no, aunque la tecnología es muy simple y barata (de hecho habrá que tener cuidado con los que intenten fabricársela ellos mismos: no lo hagas en casa).

En principio, y a diferencia de los fármacos, no hay límites al uso de la ETCD, por lo que puede pensarse que no es algo tan serio como tomar pastillas, aunque su efectos sean igual de fuertes. Esta falta de capacidad de limitación externa, como la que tienen los psicotropos por ejemplo, puede convertir la ETCD en un riesgo para la salud.

En conclusión, estamos ante lo que puede ser la próxima revolución cognitiva. En estos momentos se necesita más investigación para entender mejor los riesgos y beneficios en poblaciones específicas (niños, ancianos, enfermos, etc.) y en la vida real, ya que los estudios hechos hasta ahora son relativamente pocos, a pequeña escala y en laboratorios, pero ello no le resta un ápice de emoción.

Referencia:

Roi Cohen Kadosh, Neil Levy, Jacinta O’Shea, Nicholas Shea, & Julian Savulescu (2012). The neuroethics of non-invasive brain stimulation Current Biology, 22 (4)
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