30 sept. 2012

Ciberdemocracia (4): iniciativas políticas.

Por dr. estupor en ciudadanosencrisis.wordpress.com


Ya hemos hablado de los partidos políticos cuyo objetivo principal es reformarla democracia representativa actual (y siguen creándose nuevos). De ellos, unos apuestan por cambiar el sistema electoral de reparto de escaños, la circunscripción electoral, los umbrales o que el voto en blanco y la abstención cuenten… Otros apuestan directamente por el uso de las tecnologías para cambiar la forma de elegir representantes, proponer iniciativas y tomar decisiones.


El partido herramienta

El cambio comienza por hackear el sistema actual, usando un partido herramienta. Este partido no tendría programa o ideario concreto, sino que sus representantes votarán trasladando lo que su base opine (ya sean sólo sus miembros o votantes, una parte de la sociedad o toda) a través de un sistema informático de recogida de opinión. Algunos partidos proponen este sistema sólo para votar lo que otros partidos propongan, otros sí permiten propuestas legislativas surgidas directamente desde la base.

Aparece en este punto una dificultad: ¿debe este partido herramienta trasladar únicamente la opción mayoritaria obtenida de la base, los porcentajes a favor y en contra en sus escaños, o procurar que el resultado final de una votación se parezca lo máximo posible a lo que opina su base teniendo en cuenta lo que votan el resto de partidos?

Abogan por este sistema partidos como Democracia Directa Activa, Asamblea de Votación Electrónica, Democracia Directa Digital, Voto Electrónico Ciudadano o Demos el Cambio entre otros, cada uno con sus particularidades, claro.


El parlamento virtual

Conforme el número de escaños del partido herramienta fuera aumentando, podría influir mucho más en el resultado de votaciones y finalmente conseguir el 100% de representantes para trasladar fielmente la opinión de la base. Llegados a este punto se plantearía la desaparición de las cámaras de representantes, sustituyéndolas por el sistema informático que se convertiría en un nuevo parlamento virtual, con una democracia directa.

Aparecen entonces los problemas de la tiranía de la mayoría, las contradicciones inevitables, el cansancio por saturación, la corrupción difusa, el fraude electrónico y otros problemas que ya hemos tratado anteriormente.

Sin embargo, con este sistema se ha sustituido el poder legislativo del Congreso y el Senado, pero sigue haciendo falta un Gobierno que ejecute las políticas aprobadas por el parlamento virtual. ¿Podría trabajar ese Gobierno con un parlamento compuesto por varios millones de opiniones diferentes?


La democracia líquida

Un paso más allá va el Partido de Internet con el concepto de democracia líquida. Digamos que es un sistema, como los líquidos, que se adaptan a su entorno o las circunstancias, mediante la delegación compleja del voto.

En este escenario, los partidos políticos pasarían a ser sólo líderes de opinión y cada persona podría elegir entre votar directamente, seleccionar otras personas que saben están mejor informadas respecto algún tema o delegar en los partidos para el resto de cuestiones. Además, puede haber delegación de voto en cascada de modo que se formen redes o grupos de opinión que aglutinen y den forma a las diversas iniciativas.


Rescatando la soberanía

Otro camino propone Democracia 4.0, que no es un partido político hoy en día, bajo el lema “una persona, un voto”. Supone rescatar la pequeña cuota de soberanía de cada ciudadano. La idea surge a partir de la posibilidad que se brindó en 2008 a una diputada de las Cortes Valencianas de baja por maternidad de votar en el parlamento autonómico desde su casa por internet. En julio de 2011 esta posibilidad se extendió al Congreso de los Diputados.

Ya es posible, pues, votar en el Congreso por internet mediante el DNI electrónico implantado en España. Así pues, cada ciudadano podría hacer lo mismo solicitando que se le devuelva su pequeña parte de soberanía. Si hay unos 35 millones de votantes representados por 350 diputados en el Congreso, significa que cada 100.000 ciudadanos que votaran por internet un escaño volvería al pueblo.

La idea sería no eliminar el parlamento, sino ponderar los votos recibidos de los ciudadanos según su peso. Si la decisión interesa y los ciudadanos votan por internet, su cuota de soberanía se resta a todos los diputados que también votan. Si no interesa y nadie vota, votan los diputados como hasta ahora.

Se crea así, como mínimo, el derecho de veto ciudadano de manera instantánea, pero también un control más directo de la labor del parlamento. Y se elimina el cheque en blanco que cada cuatro años los ciudadanos otorgamos de manera obligada a nuestros representantes políticos.

A este respecto presentaron en noviembre de 2010 una petición por escrito a la Comisión de Garantías Constitucionales del Congreso de los Diputados. Sus promotores siguen esperando una respuesta (pese a haber pasado los tres meses en que la ley obliga a responder), ya que si la aprueban todos podríamos solicitar el voto en el Congreso, y si la deniegan están rechazando el derecho constitucional a ejercer la soberanía que reside en el pueblo.




 Serie sobre la ciberdemocracia
1. de qué hablamos
2. los retos
3. ciberactivismo y web social
4. iniciativas políticas
5. casos reales
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